Un faro cultural

noviembre 10, 2006

Por qué las falsas creencias nunca mueren

Jason Zweig, columnista de la revista Money


Gregory W. Lester preguntó “Por qué las falsas creencias nunca mueren” (edición de Skeptical Inquirer de noviembre-diciembre 2000). Algunas otras respuestas son admirablemente exploradas en Expecting Armageddon: Essential Readings in Failed Prophecy, editado por Jon R. Stone (Routledge: New York y Londres, 2000).
Primeramente, las falsas creencias son usualmente parte de un complejo sistema ideológico; por ejemplo, cuando Jesucristo no desató el Juicio Final el 23 de abril de 1843, como el predicador William Miller había predicho, sus seguidores tomaron muchas otras creencias y experiencias compartidas (como la importancia de evitar el pecado y la catarsis de cantar juntos en los grupos de oración) para reconfortarse entre ellos ante el fracaso de la profecía de Miller. Así, en lugar de verse privados de una creencia fundamental, sus adherentes usualmente sienten que sólo han perdido una de muchas doctrinas igual de importantes. Y si una predicción puede fallar, otras se cumplirán tan sólo por casualidad mientras el líder profético sea lo suficientemente astuto como para hacer vaticinios múltiples (y flexibles).
En segundo lugar, cuando las creencias no se cumplen, sus seguidores simplemente las revisan espontánea y retroactivamente; por ejemplo, si el mundo no se acabó físicamente en un día determinado, entonces debe haber finalizado espiritualmente, y nosotros los creyentes somos ahora los esclarecidos ciudadanos del mundo venidero (o quizá no “merecíamos” que la profecía se cumpliera; así, se convirtió en falsa por nuestro propio fracaso, no el del profeta).
Finalmente, las creencias sobreviven mejor cuando sus adherentes se sienten parte de una comunidad cohesionada; un ideólogo que da a sus seguidores un sentido de pertenencia ya ha ganado la batalla contra los escépticos que buscan desmentir sus enseñanzas. Los seguidores pueden simplemente señalar a todos los otros miembros que aún siguen sus dogmas, profecías o principios que no han sido (aún) refutados. Mientras más sean, mayor la “prueba” de que lo que el líder dice es la verdad. “¿Cómo podríamos estar equivocados tantos de nosotros?”, preguntará el creyente.
Los escépticos que critican las creencias grupales ilógicas deben estar conscientes de estas realidades... Más importante aún, los escépticos tienen que recordar que la gente que compra esas creencias está buscando un significado para su vida. La razón de que resistan en forma tan furibunda al asalto de la lógica es que no pueden soportar que se les prive de su sentido de pertenencia. Su devoción por el fundador carismático del grupo los hace sentir tanto protegidos como privilegiados, frecuentemente por primera vez en su vida...

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Puedo estar de acuerdo en muchos de los conceptos emitidos por el autor, pero tambien en desacuierdo con su intento de convencer que todo estarìa supeditado a la razon. , Siempre habra lugar para la metafisica en el ser humano sobretodo para aquel que se esfuerza por entender su interioridad y su relacion con el universo.

10 noviembre, 2006

 
Anonymous Anónimo said...

Visitante Anónimo:
Me parece que el autor no plantea la prevalencia de la razón por sobre la fe. Simplemente, analiza la relación de quienes dicen ser portadores de la verdad divina, conocedoras de una supuesta profecía, con sus seguidores, en especial cuando esas profecías no se cumplen. ¿Alguien puede creer que el apocalipsis tiene fecha definida o es más bien una metáfora del proceso de decadencia que se debe evitar?
Respecto a la discusión entre racionalidad y fe recomiendo el diálogo epistolar entre Umberto Eco y Carlo Maria Martini, cardenal de Milán, recopilado en el libro "En qué creen los que no creen" (adjunto link a monografía).

12 noviembre, 2006

 
Anonymous Anónimo said...

En cuestiones de razón y de fe, hay que separar aguas.

La fe nos sirve para abrigar la esperanza en un mundo capitalista y donde los preceptos de Hobbes son cada día mas evidentes.

El artículo también nos demustra que el engaño de supera a la verdad.

Hay verdades que nunca serán descubiertas... hay instituciones que buscan la verdad fuera de si mismas y jamas se miran el ombligo!!!

En una de esas, está mas sucio de lo que se cree...

16 noviembre, 2006

 
Blogger Escoliasta said...

Es notable este William Miller... No sólo predijo la venida de Cristo para el 21 de marzo de 1843 (y no el 23 de abril como se dice en el texto), sino que, ante su fracasado cálculo, se atrevió con otra revelación más. En efecto, el 21 de marzo sus fieles estaban congregados en el santuario que habían construido (con capacidad para 3.500 personas), vestidos con túnicas blancas y mirando hacia oriente, en espera de ser arrebatados por el Señor. Pasó el 21 de marzo y como nadie fuera arrebatado y ni siquiera invitado a los cielos, Miller dijo que se había equivocado (no era muy bueno con los números) y que, en realidad, La Venida sería el 22 de octubre, fecha que coincidía con el Día de la Expiación en el calendario judío. Y todos lo creyeron así. Un editorial del 24 de octubre de uno de los periódicos del movimiento, el Midnight Cry (sugerente nombre), escribió: "Hoy hace aquí un día nublado y triste... las ovejas se han guarecido de la lluvia... El Señor no ha venido todavía". Reinaba la decepción, pero no se había perdido la fe. Un seguidor de Miller recibió una revelación mientras caminaba por un maizal para evitar las burlas de los vecinos: en la fecha crucial del 22 de octubre, Cristo no había bajado a restaurar la Tierra, pero sí había salido de su palacio para emprender la purificación de los cielos. Sólo cuando hubiese terminado esa tarea, se manifestaría en la Tierra... Evidentemente, esta predicción era más inteligente, pues dependía de la eficiencia y ánimo del Señor, cuánto demoraba en purificar los cielos y, por lo tanto, en venir a la Tierra; así que el honor estaba salvado.
De este movimiento, nacieron luego todos los movimientos adventistas que hoy conocemos.
(Extractado del libro "Enciclopedia de los Herejes y las Herejías", de Leonard George; RobinBook, 1998, Barcelona)

23 noviembre, 2006

 

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