La batalla decisiva por la libertad
George Lakoff, gurú en el manejo de contenidos de las campañas demócratas, advierte que en Estados Unidos los grupos conservadores están ganando la guerra por imponer un nuevo concepto de libertad, clave para fijar la identidad de la mayor potencia mundial.
Los republicanos están teniendo éxito al imponer como metáfora de la nación el modelo de la familia con “padre estricto”, así pueden justificar los recortes a la libertad individual bajo Bush.
POR ROBERTO AMPUERO
El fracaso de la guerra de Irak, las crecientes complicaciones en Afganistán, el desafío de Corea del Norte y los escándalos por asuntos morales y de tráfico de influencia que afectan al gobernante partido republicano estadounidense parecen estar conduciendo a este último a una clara derrota en las elecciones parlamentarias de noviembre próximo. Todo indica que los opositores demócratas tienen motivo para ser optimistas. Sin embargo, un nuevo libro del lingüista George Lakoff advierte que los liberales están a punto de perder, para los próximos decenios, la batalla clave por la conducción política de la superpotencia: la destinada a imponer los contenidos del concepto de libertad.
En “¿La libertad de quién? La batalla por la idea más importante de América”, Lakoff, gurú para el manejo de contenidos de campañas Políticas demócratas, dice que los conservadores, después de lograr controlar la Casa Blanca, ambas cámaras, gran parte de los medios e imponer a conservadores en la Corte Suprema, y establecer vínculo con iglesias cristianas fundamentalistas y las corporaciones, libran hoy una guerra cultural para controlar el esencial concepto de libertad entre los norteamericanos.
A partir de los 80, después de constatar cierta predominancia de valores de “izquierda” en la opinión pública norteamericana, sectores conservadores desarrollaron un ambicioso y multimillonario plan para reposicionar sus ideas, resultado que hoy los demócratas observan con impotencia. Estados Unidos es el país industrializado más religioso y probablemente el más conservador del planeta. El EE.UU. de los 70, de hippies, amor libre y estudiantes contestatarios, quedó sepultado bajo una capa de conservadurismo y liberales averiados.
Estado de emergencia
Lakoff sostiene que hoy, a través de institutos, publicaciones, universidades, foros y medios, los republicanos están modificando el contenido de la palabra “libertad”, esencial a la hora de definir la identidad nacional. Esta, que tiene, en opinión del autor, una raíz liberal y social, está siendo convertida en una idea retrógrada y divorciada de la responsabilidad social. El estratega anuncia que esto no sólo afectará a su país. “Estados Unidos es el país más poderoso del planeta y está dedicado a difundir su idea de libertad. ¿De quién será esa idea? Si los conservadores definen la política exterior y controlan la definición de libertad, la que difundirán no será la tradicional idea estadounidense, sino en muchos sentidos una opuesta a ella”, dice Lakoff. Si los demócratas permiten que los republicanos modifiquen el concepto, añade, no podrán aspirar a imprimir su sello al país por decenios.
Para Lakoff, la idea tradicional de libertad constituye el cuño de los Estados Unidos y lo que despierta admiración internacional. Esa libertad permitió expandir la participación ciudadana y el derecho a voto, los beneficios sociales, los derechos laborales y de minorías, la educación y la salud públicas, el aumento de la expectativa de vida, la diversidad de medios, la igualdad de oportunidades, y el acceso de pequeños empresarios al crédito. El libro sostiene que a pesar de que Bus insiste en la importancia de la libertad, tiene un concepto diferente de ella. Sus acciones lo probarían: Bus “crea y mantiene un sentimiento de temor, virtualmente un estado permanente de emergencia” en el país, amenaza la libertad de expresión al estimular la consolidación de medios, al espiar llamados telefónicos, permitir cárceles secretas y detenciones sin juicio, al asumir prerrogativas no constitucionales, ampliar el control sobre la población amparado en la guerra contra el terrorismo, y clasificar de secretos documentos como ningún otro gobierno antes, dice Lakoff. Acusa también al presidente de violar la libertad de credo “al intentar imponer el rezo en las escuelas a quienes no quieren rezar”, financiar con fondos federales la promoción del cristianismo, e introducir en la escuela la idea religiosa de “diseño inteligente” como explicación para el origen del ser humano.
“Padre estricto”
De acuerdo al libro, los republicanos están teniendo éxito al imponer como metáfora de la nación el modelo de la familia con “padre estricto”.
Al imponer esa visión, los conservadores pueden justificar los recortes a la libertad individual bajo Bush, pues éstos aparecen como las medidas que un padre adopta por la seguridad de su familia. Es una concepción, añade, que sitúa los destinos de la familia en la figura paterna, e insiste en que la esposa y los niños desconocen los riesgos que el padre avizora. Ese tipo de padre es ejemplarizador en los castigos, pues considera que la vida que espera a sus hijos cuando adultos será sin contemplaciones. Los demócratas, por otra parte, representarían el padre tolerante y flexible, que ayuda a sus hijos, los comprende cuando les va mal y les da lo que piden, suponiendo que el Estado posteriormente tendrá una red social para encargarse de ellos si fracasan económicamente. Es a partir de la visión de la nación como familia estricta que los republicanos, sentencia Lakoff, desacreditan el gasto social, reducen recursos a la salud y educación pública, recortan derechos laborales y abogan por el individualismo. Ambos partidos hablan de libertad, pero de dos libertades opuestas, una se asemejaría a la que existe en América Latina, la otra, la del padre comprensivo, a la de Escandinavia.
Lakoff subraya algo clave para los políticos: los datos sólo funcionan si la persona puede acomodarlos en los marcos valorativos que forman su concepción de la vida. De no poder hacerlo, los rechaza. El marco conceptual de la guerra en Irak para los Norteaméricanos, por ejemplo, se reduciría a ejércitos en pugna, tecnología y los soldados propios, pero excluiría los temas de las víctimas, la destrucción y la resistencia de Irak, el aumento del gasto público y la restricción de libertades individuales en casa. Por ello sería relativamente fácil lograr mayorías para guerras en Estados Unidos. Lakoff puntualiza que los partidos políticos, para conquistar mayorías, deben desplegar estrategias desde la lingüística y ciencias de los procesos de aprendizaje.
Ahí constatarán que los partidos no representan sensibilidades previamente existentes, sino que las forman. Pero eso implica un trabajo paciente, oneroso y de largo plazo.

1 Comments:
Me parece que pequeños países, como EE.UU. (pequeño de espíritu, pues el tamaño no lo es todo) ya llevan demasiado tiempo imponiendo su estilo y concepto de libertad. Y países con ínfulas (como el nuestro) ya llevamos más que demasiado tiempo copiando esas mismas formulitas, sin siquiera someterlas a un mínimo análisis de su factibilidad y a una adaptación que precise su aplicación y sus consecuencias.
Es hora de cambiar, de buscar y reencontrar nuestra propia identidad y definir nuestro estilo de hacer las cosas. Sin embargo, cambiar es tarea difícil, pues nuestra derecha conservadora (equivalente al partido republicano norteamericano), se empeña en asemejarse y asemejarlo todo a su referente conceptual. Poner palmeritas en los barrios acomodados tipo Miami, construir malls con todas las tiendas con nombres en inglés, mirar la realidad a través del dogma religioso, construir edificios de metal y cristal, entre otras cosas, nos pone a las puertas de correr el riesgo de cambiarlo todo, para que nada cambie...
30 octubre, 2006
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