Un faro cultural

octubre 27, 2006

La naranja de Mozart
RAFAEL ARGULLOL

Faltan cuatro años para su muerte, y la estación es ésta, otoño, pero de 1787. Desde Viena Mozart viaja a Praga para dirigir el estreno de su Don Giovanni. Le acompaña su mujer, Konstanze. Aunque en la actualidad éste sería un viaje breve -brevísimo en avión- en aquella época duraba varios días pese a disponer, como el compositor, de un carruaje tirado por tres caballos de postas. Si el itinerario se cubría a pie, algo nada infrecuente, la travesía exigía algunas semanas. A caballo o a pie, había tiempo sobrado para que ocurriera un incidente notable.
A Mozart le ocurre ese incidente que, como en sus óperas, desencadena una serie de acontecimientos imprevisibles. Mientras estira las piernas durante un alto en el camino se fija en un hermoso naranjo del jardín de un palacio. Guiado por un impulso y un recuerdo arranca uno de los frutos del naranjo, plantado en una maceta, pero cuando está a punto de saborear su botín un jardinero irrumpe para reprenderle por su hurto.
Los acontecimientos se desencadenaron y cada situación parece conducir a la situación opuesta. Mozart, que no pierde su buen humor, es retenido por el jardinero. No ha robado una naranja cualquiera pues todos los selectos frutos de aquel naranjo replantado en la maceta están destinados a una fiesta de compromiso que tiene que celebrarse en el palacio. El dueño de la hacienda, un aristócrata, se enfurece con el ladrón y con la inseguridad de una época que ni siquiera permite preservar los naranjos de los asaltos de ladronzuelos.
Mozart lo pasaría mal si no sucediera lo que sucede en sus óperas. Quizá por esto continúa con ese tono festivo que le es propio y espera tranquilamente bajo la mirada inquisitiva del jardinero, en quien reconoce el afán de cumplir con su deber. Entretanto, la esposa del dueño, también enterada del incidente en el jardín, descubre la identidad del genial delincuente, por el cual siente veneración. Como en las óperas mozartianas -y como en los libretos de Da Ponte-, la mujer afea la conducta del refunfuñado marido y lo convence para que, en lugar de denunciante, se convierta en anfitrión de Mozart.
Wolfgang y Konstanze son invitados a la fiesta de compromiso matrimonial que se desarrolla en el palacio. Durante el banquete se establece una corriente de alegre complicidad entre los presentes y empiezan las confidencias. Las mujeres están fascinadas con Mozart, pero el dueño de la casa aún está algo resentido por el hurto que ha ocurrido en su jardín y por el escaso respeto por la propiedad en estos tiempos revolucionarios.
Para compensarle, Mozart explica a los invitados por qué robó la naranja, por un impulso y por un recuerdo. El impulso venía provocado por la hermosa visión y por la promesa de un jugo maravilloso. El propietario no está nada contento con esta explicación. Sin embargo, el recuerdo va a seducir a todos, incluso a él. La naranja, brillando bajo el sol otoñal, le hizo recordar a Mozart una escena infantil.
Ante los invitados aparece Mozart niño, quizá ya adolescente, este Mozart que ha dejado boquiabierta a media Europa con un talento casi imposible. Ahora está en Nápoles, una ciudad importante en su gira musical por Italia, y asiste a una gran fiesta en la bahía. Acostumbrado al puritanismo moral que le rodea en Salzburgo, aquel espectáculo despierta todos sus sentidos. En un momento determinado unas muchachas se enzarzan en una guerra de naranjas. Mozart adolescente sueña: nunca ha visto nada tan erótico.
Éste es el recuerdo que le llevó a robar la naranja. Todos aplauden. También el propietario de la naranja robada, si bien en este caso no queda clara la superación completa del resentimiento. Su duda no cuenta ante el entusiasmo de los demás, y probablemente no quiere caer de nuevo en el ridículo. La atmósfera es tan amistosa y cordial que Mozart accede a tocar algunos fragmentos del Don Giovanni, la obra que está a punto de estrenar en Praga.
Hasta este instante toda la forma se asemeja mucho a escenas de Cosi fan tutte o Le nozze di Figaro. No se ha escuchado música pero la música que se hubiera debido escuchar durante el robo de la naranja y la irrupción del jardinero, o durante el desespero colérico del aristócrata en contraste con la ironía satisfecha de su esposa, o en el delicioso relato del recuerdo napolitano, sería música de aquellas óperas. Esta combinación de ingenio y goce amalgamada por la fuerza, única, de la gracia mozartiana.
No obstante, ahora se produce un giro bastante brusco cuando Mozart interpreta los fragmentos de Don Giovanni. Los asistentes a la fiesta celebran la belleza de la melodía, y los anfitriones se muestran orgullosos de que esa música celestial suene en su palacio antes que en el mundo, pero hay alguien que escucha de manera distinta al resto de los contertulios. Se trata de Eugenie, la joven novia en cuyo honor se ha dado aquel banquete de compromiso matrimonial. Eugenie advierte la dimensión trágica de aquellos fragmentos, en los que intuye la deriva del compositor hacia una muerte temprana. En Don Giovanni el destino se hace irreversible rompiendo el sutil juego de equilibrio de las dos óperas precedentes. Lo festivo se ha vuelto severo y lo intrascendente ha demostrado ser una máscara de lo incierto.
Pero sólo es un momento, una vaga intuición que Mozart no está en condiciones de negar o confirmar. La fiesta continúa, más atemperada, con una sombra de melancolía. La despedida es afectuosa. Wolfgang y Konstanze reemprenden el viaje hacia Praga mientras todos se desean esa felicidad mozartiana que Don Giovanni -un gran éxito en la capital bohemia- ya no es capaz de recordar.
Toda esta historia de la naranja de Mozart se la inventa, y la cuenta mucho mejor, Eduard Mörike en Mozart, de camino a Praga, una narración, o quizá una sintonía literaria, reeditada recientemente en una magnífica traducción de Rosa Sala. En el camino a Praga Mörike va desgranando todos los matices de la obra mozartiana y a partir de una anécdota aparentemente banal logra hacer llegar el vitalismo y la espiritualidad del compositor austriaco al lector, casi como si éste escuchara su música.
En estos días que está tan de moda culminar el centenario de Mozart -bastante empalagoso, por cierto, como todos los centenarios- con decenas de páginas dedicadas a las cabezas cortadas del nonato Idomeneo de Berlín, les recomiendo, como antídoto, la naranja cortada que ofrece Mörike. Allí sí está todo el jugo.
Rafael Argullol es escritor.

octubre 16, 2006

La batalla decisiva por la libertad

George Lakoff, gurú en el manejo de contenidos de las campañas demócratas, advierte que en Estados Unidos los grupos conservadores están ganando la guerra por imponer un nuevo concepto de libertad, clave para fijar la identidad de la mayor potencia mundial.
Los republicanos están teniendo éxito al imponer como metáfora de la nación el modelo de la familia con “padre estricto”, así pueden justificar los recortes a la libertad individual bajo Bush.

POR ROBERTO AMPUERO

El fracaso de la guerra de Irak, las crecientes complicaciones en Afganistán, el desafío de Corea del Norte y los escándalos por asuntos morales y de tráfico de influencia que afectan al gobernante partido republicano estadounidense parecen estar conduciendo a este último a una clara derrota en las elecciones parlamentarias de noviembre próximo. Todo indica que los opositores demócratas tienen motivo para ser optimistas. Sin embargo, un nuevo libro del lingüista George Lakoff advierte que los liberales están a punto de perder, para los próximos decenios, la batalla clave por la conducción política de la superpotencia: la destinada a imponer los contenidos del concepto de libertad.
En “¿La libertad de quién? La batalla por la idea más importante de América”, Lakoff, gurú para el manejo de contenidos de campañas Políticas demócratas, dice que los conservadores, después de lograr controlar la Casa Blanca, ambas cámaras, gran parte de los medios e imponer a conservadores en la Corte Suprema, y establecer vínculo con iglesias cristianas fundamentalistas y las corporaciones, libran hoy una guerra cultural para controlar el esencial concepto de libertad entre los norteamericanos.
A partir de los 80, después de constatar cierta predominancia de valores de “izquierda” en la opinión pública norteamericana, sectores conservadores desarrollaron un ambicioso y multimillonario plan para reposicionar sus ideas, resultado que hoy los demócratas observan con impotencia. Estados Unidos es el país industrializado más religioso y probablemente el más conservador del planeta. El EE.UU. de los 70, de hippies, amor libre y estudiantes contestatarios, quedó sepultado bajo una capa de conservadurismo y liberales averiados.

Estado de emergencia

Lakoff sostiene que hoy, a través de institutos, publicaciones, universidades, foros y medios, los republicanos están modificando el contenido de la palabra “libertad”, esencial a la hora de definir la identidad nacional. Esta, que tiene, en opinión del autor, una raíz liberal y social, está siendo convertida en una idea retrógrada y divorciada de la responsabilidad social. El estratega anuncia que esto no sólo afectará a su país. “Estados Unidos es el país más poderoso del planeta y está dedicado a difundir su idea de libertad. ¿De quién será esa idea? Si los conservadores definen la política exterior y controlan la definición de libertad, la que difundirán no será la tradicional idea estadounidense, sino en muchos sentidos una opuesta a ella”, dice Lakoff. Si los demócratas permiten que los republicanos modifiquen el concepto, añade, no podrán aspirar a imprimir su sello al país por decenios.
Para Lakoff, la idea tradicional de libertad constituye el cuño de los Estados Unidos y lo que despierta admiración internacional. Esa libertad permitió expandir la participación ciudadana y el derecho a voto, los beneficios sociales, los derechos laborales y de minorías, la educación y la salud públicas, el aumento de la expectativa de vida, la diversidad de medios, la igualdad de oportunidades, y el acceso de pequeños empresarios al crédito. El libro sostiene que a pesar de que Bus insiste en la importancia de la libertad, tiene un concepto diferente de ella. Sus acciones lo probarían: Bus “crea y mantiene un sentimiento de temor, virtualmente un estado permanente de emergencia” en el país, amenaza la libertad de expresión al estimular la consolidación de medios, al espiar llamados telefónicos, permitir cárceles secretas y detenciones sin juicio, al asumir prerrogativas no constitucionales, ampliar el control sobre la población amparado en la guerra contra el terrorismo, y clasificar de secretos documentos como ningún otro gobierno antes, dice Lakoff. Acusa también al presidente de violar la libertad de credo “al intentar imponer el rezo en las escuelas a quienes no quieren rezar”, financiar con fondos federales la promoción del cristianismo, e introducir en la escuela la idea religiosa de “diseño inteligente” como explicación para el origen del ser humano.

“Padre estricto”

De acuerdo al libro, los republicanos están teniendo éxito al imponer como metáfora de la nación el modelo de la familia con “padre estricto”.
Al imponer esa visión, los conservadores pueden justificar los recortes a la libertad individual bajo Bush, pues éstos aparecen como las medidas que un padre adopta por la seguridad de su familia. Es una concepción, añade, que sitúa los destinos de la familia en la figura paterna, e insiste en que la esposa y los niños desconocen los riesgos que el padre avizora. Ese tipo de padre es ejemplarizador en los castigos, pues considera que la vida que espera a sus hijos cuando adultos será sin contemplaciones. Los demócratas, por otra parte, representarían el padre tolerante y flexible, que ayuda a sus hijos, los comprende cuando les va mal y les da lo que piden, suponiendo que el Estado posteriormente tendrá una red social para encargarse de ellos si fracasan económicamente. Es a partir de la visión de la nación como familia estricta que los republicanos, sentencia Lakoff, desacreditan el gasto social, reducen recursos a la salud y educación pública, recortan derechos laborales y abogan por el individualismo. Ambos partidos hablan de libertad, pero de dos libertades opuestas, una se asemejaría a la que existe en América Latina, la otra, la del padre comprensivo, a la de Escandinavia.
Lakoff subraya algo clave para los políticos: los datos sólo funcionan si la persona puede acomodarlos en los marcos valorativos que forman su concepción de la vida. De no poder hacerlo, los rechaza. El marco conceptual de la guerra en Irak para los Norteaméricanos, por ejemplo, se reduciría a ejércitos en pugna, tecnología y los soldados propios, pero excluiría los temas de las víctimas, la destrucción y la resistencia de Irak, el aumento del gasto público y la restricción de libertades individuales en casa. Por ello sería relativamente fácil lograr mayorías para guerras en Estados Unidos. Lakoff puntualiza que los partidos políticos, para conquistar mayorías, deben desplegar estrategias desde la lingüística y ciencias de los procesos de aprendizaje.
Ahí constatarán que los partidos no representan sensibilidades previamente existentes, sino que las forman. Pero eso implica un trabajo paciente, oneroso y de largo plazo.

octubre 15, 2006

Un derecho de libertad
SALVADOR PÁNIKER
Salvador Pániker es filósofo, escritor y presidente de la
Asociación Derecho a Morir Dignamente.
La eutanasia voluntaria -y subráyese lo de voluntaria- es
sencillamente un derecho humano. Un derecho humano de la primera
generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Un derecho
que se inscribe en el contexto de una sociedad secularizada y
pluralista en la que se respetan las distintas opciones personales.
El núcleo de la cuestión es que cada cual pueda decidir por sí
mismo, desde su plena capacidad jurídica y mental, o, en su defecto,
a través de un previo testamento vital, cuándo quiere y cuándo no
quiere seguir viviendo.
El tema no es nuevo. Lo nuevo es hoy un amplio clamor social,
resultado de una mayor conciencia de los derechos del enfermo, de un
envejecimiento de la población y de que la misma medicina es capaz
de prolongar la vida humana en condiciones muy poco humanas. Ello es
que la vida no es un valor absoluto; la vida debe ligarse con
calidad de vida, y, cuando esta calidad se degrada más allá de
ciertos límites, uno tiene el derecho a 'dimitir'. En España, las
últimas encuestas del CIS dan como resultado que casi un 70% de la
población es partidaria de despenalizar la eutanasia activa cuando
el paciente lo haya solicitado reiteradamente por sufrir alguna
enfermedad irreversible con padecimientos insoportables.
Alegan algunos detractores del derecho a la eutanasia voluntaria que
con los adelantos de la medicina paliativa y del tratamiento del
dolor el tema ya está resuelto. A esto hay que contestar que, en
primer lugar, bienvenida sea la medicina paliativa y el tratamiento
del dolor, pero que desgraciadamente queda mucho camino por recorrer
en esta dirección, y que en todo caso la última palabra y la última
voluntad le corresponden al enfermo. Además, la experiencia y las
estadísticas confirman que en las peticiones de eutanasia, mucho más
que el dolor físico cuenta el sentimiento de que uno ha perdido la
dignidad humana. En rigor, cuidados paliativos y eutanasia no sólo
no se oponen, sino que son complementarios. No debe haber eutanasia
sin previos cuidados paliativos, ni cuidados paliativos sin
posibilidad de eutanasia. Más aún, si el enfermo supiese que tiene
siempre abierta la posibilidad de salirse voluntariamente de la
vida, las peticiones de eutanasia disminuirían. Porque esta 'puerta
abierta' produciría un paradójico efecto tranquilizador: uno sabría
que, al llegar a ciertos límites, el horror puede detenerse.
En la actualidad existe todavía mucha confusión sobre qué clases de
eutanasia existen y cuáles son admisibles legalmente. La deontología
médica reconoce ya el principio del 'doble efecto' (acortamiento de
la vida por aplicar medidas adecuadas), y aconseja tener en cuenta
la voluntad del enfermo. Cada vez está más claro que la llamada
eutanasia pasiva no es más que práctica médica adecuada. Ahora bien,
conviene entender de una vez -en contra de las voces demagógicas que
plantean la cuestión en blanco y negro- que, en las situaciones de
eutanasia activa, la alternativa no es entre vida y muerte, sino
entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y
degradante. Por otra parte, allí donde hay transparencia informativa
-caso de Holanda- es donde menos abusos se producen.
Desgraciadamente, en cambio, un gran silencio cubre todavía la
práctica de las eutanasias clandestinas y no voluntarias en la
mayoría de los países. En España sería muy conveniente, a ese
respecto, una verdadera encuesta (libre y sin coacciones) entre
médicos y personal sanitario.
Todo el mundo dice querer respetar la dignidad y la autonomía de los
enfermos. Hay incluso un principio de bioética que lo prescribe.
Ahora bien, ¿cómo puede obligarse a un enfermo a vivir en contra de
su voluntad? ¿Qué hacen con la dignidad los portavoces de la lucha
ideológica contra la eutanasia? Suelen ser esos portavoces gente de
la Iglesia o del Estado, herederos de quienes durante siglos han
sofocado la libertad individual en nombre de alguna coartada
colectiva. A uno le parece respetable que alguien rechace la
eutanasia en nombre de sus creencias religiosas; lo que no es
tolerable es que se quiera imponer esa determinada ideología al
conjunto del cuerpo social. Nuestra sociedad es pluralista. La
dignidad es un valor reconocido, pero que sólo se concreta
individualmente. La vida de cada cual pertenece a cada cual, y,
desde un punto de vista jurídico, debe ser superada la ficticia
confrontación entre derecho a la vida y derecho a la libertad. La
vida es un derecho, pero no un deber. La reciente ley de Holanda,
las iniciativas en diferentes comunidades autónomas de España sobre
'voluntades anticipadas', todo apunta en una misma dirección: es
hora de conceder al ser humano la plena posesión de su destino.

© Copyright DIARIO EL PAIS, S.L.

El aceite de Gerin (o Geriniol, por dar su nombre científico) es una potente droga que actúa directamente en el sistema nervioso central produciendo una serie de síntomas característicos, a menudo de naturaleza antisocial o autodestructiva. Si se administra a los niños de manera crónica, el aceite de Gerin puede modificar permanentemente el cerebro produciendo desórdenes en la edad adulta, incluyendo ilusiones peligrosas que han demostrado ser muy difíciles de tratar. Los cuatro aviones condenados del 11 de septiembre eran, en un sentido muy real, viajes de aceite de Gerin: los 19 secuestradores iban muy drogados en aquel momento. Históricamente, la intoxicación por Geriniol ha sido responsable de atrocidades como la caza de brujas de Salem y las masacres de sudamericanos nativos por los conquistadores. El aceite de Gerin alimentó la mayoría de las guerras de la europa medieval y, en tiempos más recientes, la carnicería que asistió a la partición del subcontinente de la India y, en una escala menor, a Irlanda.La adicción al aceite de Gerin puede llevar a individuos anteriormente sanos a huir de una vida normalmente plena y retraerse en comunidades cerradas de las que quedan exluidos todos los que no son adictos confirmados. Estas comunidades están casi siempre limitadas a un sexo y prohíben vigorosamente, a menudo obsesivamente, la actividad sexual. Efectivamente, la tendencia hacia una angustiosa prohibición sexual emerge como tema recurrente y monótono entre todas las numerosas variedades de la sintomatología del aceite de Gerin. El aceite de Gerin no parece reducir la líbido por sí mismo, pero provoca con frecuencia un deseo lascivo de interferir en, y preferiblemente reducir, el placer sexual de otros. Un ejemplo actual es el horror con el que los consumidores de aceite de Gerin ven la homosexualidad, incluso cuando esta se manifiesta en relaciones amorosas duraderas.Las dosis fuertes de aceite de Gerin pueden ser alucinógenas. Los drogadictos más extremos pueden llegar a oír voces en su cabeza, o tener visiones que parecen tan reales a los enfermos que a menudo consiguen convencer a otros de su existencia. Un individuo que confiese tener experiencias muy alucinatorias puede llegar a ser venerado, e incluso seguido como un tipo de líder, por otros que se consideran menos afortunados. Esa patología de seguimiento puede prolongarse mucho más allá de la muerte del líder, y expandirse en psicodelias grotescas como la fantasía caníbal de ``beber la sangre y comer el cuerpo' del líder.Las dosis grandes de Geriniol también pueden proporcionar ``malos viajes', en los que el consumidor puede sufrir ilusiones y miedos mórbidos. Un ejemplo notable es el miedo a la tortura, no en el mundo real sino en un mundo fantástico posterior a la muerte. Los malos viajes de este tipo están acompañados de una cultura del castigo, que es tan característica de esta droga como el miedo obsesivo a la sexualidad comentado anteriormente. La cultura del castigo fomentada por el aceite de Gerin culmina en la siniestra fantasía inducida por la droga del ``alo-castigo' -la creencia de que los individuos pueden y deben ser castigados por las malas acciones de otros (conocida en la viña del grupo como ``redención').Las dosis medianas de aceite de Gerin, aunque no son peligrosas en sí mismas, pueden distorsionar la percepción de la realidad. Creencias que no tienen ninguna base quedan inmunizadas contra la evidencia del mundo real por los efectos directos de la droga en el sistema nervioso. Se puede escuchar a los cabezas de aceite hablándole al aire o murmurando para sí, aparentemente en la creencia de que los deseos privados que se expresen así se harán realidad, aunque impliquen una violación alegre de las leyes de la física. Este desorden autolocutorio viene acompañado a menudo de tics extraños, gestos manuales u otros estereotipos, por ejemplo el balanceo rítmico de la cabeza contra una pared.Como con muchas drogas, el aceite de Gerin refinado, en dosis pequeñas, es en gran parte inofensivo, e incluso puede servir como lubricante social en ocasiones como matrimonios, funerales y ceremonias de estado. Los expertos discrepan sobre si tal uso social, aunque inofensivo por sí mismo, es un factor de riesgo que puede conducir a formas más duras y adictivas de la droga.El aceite de Gerin actúa sinérgicamente con la pérdida de sueño, la automutilación y la inanición. Se sabe que algunos adictos hacen abstinencia de alimentos, se fustigan la espalda o realizan otras ``penintencias' como medio para mejorar la potencia de la droga. Las mutilaciones no se limitan a los propios consumidores. Varias subculturas basadas en el aceite de Gerin provocan lesiones rituales a sus propios niños, especialmente cuando son demasiado pequeños para resistirse. Estas mutilaciones involucran con frecuencia a los genitales.Usted puede pensar que una droga tan potencialmente peligrosa y adictiva encabezaría la lista de sustancias prohibidas, y supondría sentencias ejemplares a los que traficasen con ella. Pero no, está disponible fácilmente en cualquier parte del mundo y ni siquiera se necesita receta. Los camellos profesionales son numerosos, y están organizados en cárteles jerárquicos, comercian abiertamente en las esquinas e incluso en edificios construidos a tal efecto. Algunos de estos cárteles son expertos en separar a sus clientes de su dinero. Sus ``padrinos' ocupan posiciones influyentes en las altas esferas y reciben la atención de presidentes y primeros ministros. Los gobiernos no solo hacen oídos sordos al comercio, sino que le concenden la exención de impuestos. Peor aún, subvencionan a las escuelas que tienen la intención específica de enganchar a los niños.Me pidieron que escribiera este artículo acompañado por la cara sonriente de un hombre muy feliz de Bali. Estaba acogiendo extáticamente la noticia de que iba a ser ejecutado por un pelotón de fusilamiento por el asesinato brutal de un gran número de turistas inocentes a los que nunca había conocido. Algunos miembros del tribunal quedaron impresionados por su falta de remordimientos. Pero lejos de arrepentido, su humor era de obvia alegría. Alzó el puño en el aire, loco de alegría porque iba a ser ``martirizado', utilizando la jerga de su particular subcultura de consumidores de aceite de Gerin. Porque, no le quepa la menor duda, esa sonrisa beatífica, mirando al pelotón de fusilamiento con puro placer, es la sonrisa de un yonqui. Aquí tenemos a un drogadicto arquetípico, drogado con aceite de Gerin duro, sin refinar, sin adulterar, de alto octanaje.Es fácil considerar a la gente así como criminales, de los que necesitamos protegernos. Efectivamente, necesitamos protegernos de ellos. Pero el problema no surgiría en primera instancia si se protegiese a los niños de quedar enganchados a una droga con una prognosis tan mala para sus mentes adultas.

Nativos Digitales, Inmigrantes Digitales

By Marc Prensky

From On the Horizon (NCB University Press, Vol. 9 No. 5, October 2001)



Me asombra como en todos los diálogos y debates de estos días acerca de la declinación de la educación norteamericana, ignoremos la más fundamental de sus causas. Nuestros estudiantes han cambiado radicalmente. Los estudiantes de hoy ya no son la gente para la cual nuestro sistema educacional fue diseñado para enseñar.

Los estudiantes de hoy no sólo han cambiado crecientemente con respecto a los del pasado, ni han simplemente cambiado su jerga, sus ropas, los adornos corporales o sus estilos, como ha ocurrido entre generaciones anteriores. Una gran discontinuidad ha ocurrido. Uno puede incluso llamarla una “singularidad” --un acontecimiento que cambia las cosas tan radicalmente que no hay vuelta atrás. Esta llamada “singularidad” es la llegada y la rápida difusión de la tecnología digital en las últimas décadas del siglo XX.

Los estudiantes de hoy --desde kinder a la educación superior-- representan a las primeras generaciones que han crecido con estas nuevas tecnologías. Han pasado toda su vida rodeados por y usando computadoras, videojuegos, aparatos de música digital, cámaras de video, teléfonos celulares y todos los otros juguetes y herramientas de la era digital. Los graduados promedios de hoy han pasado menos de 5,000 horas de sus vidas leyendo, pero más de 10,000 horas jugando video juegos (sin mencionar las 20,000 horas viendo televisión). Los juegos de computador, el e-mail, la Internet, los teléfonos celulares y los mensajes instantáneos son parte integral de sus vidas.

Está claro ahora que como resultado de este ambiente omnipresente y la grandeza de su interacción con ésta, los alumnos de hoy piensan y procesan la información de forma absolutamente diferente a como lo hicieron sus antecesores. Estas diferencias van mucho más allá y son más profundas de lo que la mayoría de los educadores sospecha o reconoce. “Diferentes tipos de experiencias llevan a diferentes estructuras cerebrales,” dice el Dr. Bruce D. Berry de la Escuela de Medicina de Baylor. Como veremos en la próxima entrega, es muy probable que los cerebros de nuestros estudiantes hayan cambiado físicamente --y que sean diferentes a los nuestros-- debido a cómo fueron criados. Pero aunque esto no sea literalmente verdadero, podemos decir con seguridad que sus patrones de pensamiento han cambiado. Mencionaré cómo han cambiado.

¿Cómo deberíamos llamar a estos “nuevos” alumnos de hoy? Algunos se refieren a ellos como la generación N (de Net –red-) o la generación D (de digital). Pero el nombre más adecuado que he encontrado para ellos es el de los Nativos Digitales. Nuestros alumnos de hoy son “hablantes innatos” del idioma digital de los computadores, de los video juegos y de la Internet.
Entonces, ¿qué nos hace al resto de nosotros? Aquellos de nosotros que no nacimos en el mundo digital pero que, tarde en nuestras vidas, nos hemos fascinado con él y adoptado muchos o casi todos los aspectos de la nueva tecnología, somos --y siempre seremos, comparados con ellos-- Inmigrantes Digitales.

La importancia de la diferencia es la siguiente: A medida que los Inmigrantes Digitales aprenden –como todos los inmigrantes, unos mejor que otros-- a adaptarse a su ambiente, mantienen siempre, en algún grado, su “acento”, es decir, un pie en el pasado. El “acento del inmigrante digital” puede ser visto en tales cosas como buscar información en Internet en segundo lugar, o en leer el manual del programa más que asumiendo que el programa en sí nos enseñará a usarlo. Las personas mayores de hoy fueron “socializados” en forma diferente a sus niños, y están en el proceso de aprender un nuevo idioma. Y un idioma aprendido tarde en la vida, nos dicen los científicos, va a una parte diferente del cerebro.

Hay miles de ejemplos del acento del los Inmigrantes Digitales. Estos incluyen el imprimir sus correos electrónicos (o pedirle a la secretaria que los imprima por usted -un acento aún más “duro”), el necesitar imprimir un documento escrito en el computador para editarlo (en vez de editarlo en la pantalla), llamar a la gente físicamente a su oficina para ver un sitio web de interés (en vez de solo mandarlos al URL). Estoy seguro que usted puede pensar en uno o dos ejemplos propios sin mucho esfuerzo. Mi propio ejemplo favorito es mi llamada telefónica para preguntar: “¿Te llegó mi correo electrónico?”. Aquellos de nosotros que somos Inmigrantes Digitales podemos, y deberíamos, reírnos de nosotros mismos y de nuestro “acento”.
Pero esto no es solo un chiste. Es muy serio, porque el problema más grande que enfrenta la educación hoy en día es que nuestros instructores que son Inmigrantes Digitales, que hablan un idioma pasado de moda (el de una edad pre-digital), se están esforzando por enseñarle a una población que habla un idioma completamente nuevo.

Esto es obvio para los Nativos Digitales --el colegio se siente muchas veces como si hubiésemos traído una población de extranjeros con un acento fuerte e incomprensible para educarlos. Casi siempre tienen problemas para entender lo que los Inmigrantes están diciendo. ¿Qué quiere decir “discar” un número?
Aunque esta perspectiva parece radical más que solo descriptiva, déjenme destacar algunos temas. Los Nativos Digitales están acostumbrados a recibir información muy rápido. Les gusta paralelar el proceso con múltiples tareas. Ellos prefieren ver sus gráficos antes que sus libros de texto más que lo opuesto. Prefieren el acceso al azar (como los hipertextos). Ellos trabajan mejor cuando están interconectados. Se fascinan con las gratificaciones instantáneas y los premios seguidos. Ellos prefieren los juegos al trabajo “serio”. (¿Algo de esto le suena conocido?)

Pero los Inmigrantes Digitales generalmente tienen poco aprecio por estas nuevas destrezas que los Nativos han adquiridos y perfeccionado a lo largo de los años de interacción y práctica. Estas destrezas son casi totalmente extrañas para los Inmigrantes, quienes aprendieron --por lo que decidieron enseñar-- lentamente, paso-a-paso, una cosa a la vez, en forma individual y, por sobre todo, seriamente. “Mis alumnos no______ como lo solían hacer”. Los Inmigrantes Digitales se molestan mucho. “No puedo hacer que __________ o que ___________ . No tienen ninguna consideración por ____________ o por ____________.” (Complete los espacios, hay una gran variedad de posibilidades).

Los Inmigrantes Digitales no creen que sus alumnos pueden aprender exitosamente mientras ven televisión o escuchan música, porque ellos (los Inmigrantes) no pueden. Por supuesto que no --ellos no practicaron esta destreza constantemente durante sus años de formación. Los Inmigrantes Digitales piensan que el aprender no puede ser (o no debiera ser) divertido. ¿Por qué deberían? --ellos no pasaron sus años de formación aprendiendo con Plaza Sésamo.

Desafortunadamente para nuestros profesores Inmigrantes Digitales, las personas que están sentadas en sus clases crecieron con la “velocidad repentina” de los juegos de video y MTV. Están acostumbrados a la instantaneidad de los hipertextos, a la música descargada, a los teléfonos en sus bolsillos, a una biblioteca en sus laptops, a los mensajes múltiples y a la mensajería instantánea. Ellos han estado interconectados la mayor parte o toda su vida. Tienen poca paciencia para las charlas, para la lógica del paso-a-paso, y para las instrucciones “dime cómo”.

Los profesores que son Inmigrantes Digitales asumen que los alumnos son los mismos de siempre, y que los mismos métodos que sirvieron a los profesores cuando ellos eran alumnos van a funcionar con sus alumnos ahora. Pero esa presunción ya no es válida. Los aprendices de hoy son diferentes. WWW.HAMBRE.COM dijo hace poco un alumno de jardín infantil a la hora de almuerzo. “Cada vez que voy al colegio tengo que desenchufarme”, se quejaba un alumno de educación media. ¿Es que los Nativos Digitales no pueden prestar atención, o es que deciden no hacerlo? A menudo, desde el punto de vista de los Nativos, sus instructores Inmigrantes Digitales hacen que no sea valioso prestar atención a sus clases.

Y, cada día más, no lo aceptan. “Fui a un college muy bien evaluado donde todos los profesores venían del MIT,” dice un ex alumno. “Pero lo único que hacían era leer sus libros de texto. Me retiré”. En una vertiginosa página de Internet de hace solo unos meses --cuando había muchos trabajos, especialmente en las áreas en que los colegios ofrecían poca ayuda-- esta era una posibilidad real. Pero los punto com que dejaron el colegio, están volviendo ahora. Tendrán que enfrentar nuevamente la división entre Inmigrantes y Nativos, y tendrán aún más problemas debido a sus experiencias recientes. Esto hará aún más difícil el enseñarles -lo mismo que a los Nativos Digitales que ya están en el sistema- de la forma tradicional.

Entonces, ¿qué debería pasar? ¿Deberían los estudiantes Nativos Digitales aprender a la manera antigua, o deberían sus profesores Digitales Inmigrantes aprender la nueva forma? Lamentablemente, no importa cuánto los Inmigrantes lo deseen, es muy improbable que los Digitales Nativos vuelvan atrás. Para empezar, es probable que sea imposible --puede que sus cerebros ya sean diferentes. También se aleja de todo lo que sabemos de la migración cultural. Los muchachos nacidos dentro de cualquier cultura nueva, aprenden el lenguaje fácilmente y se resisten fuertemente a usar el antiguo. Los inmigrantes adultos inteligentes aceptan que no saben sobre su nuevo mundo y aprovechan a sus muchachos para que les ayuden a aprender y a integrarse. Los inmigrantes no tan inteligentes (o no tan flexibles) pasan la mayor parte de su tiempo quejándose de lo buenas que eran las cosas en el “antiguo país”.

Por lo tanto, si no queremos olvidarnos de educar a los Nativos Digitales hasta que crezcan y lo hagan por sí mismos, es mejor que enfrentemos este tema. Y al hacerlo debemos reconsiderar tanto muestra metodología como nuestro contenido.

Primero, nuestra metodología. Los profesores de hoy tienen que aprender a comunicarse en el lenguaje y en el estilo de sus alumnos. Esto no quiere decir cambiar el significado de lo que es importante, o las buenas habilidades de pensar. Pero sí quiere decir el ir más rápido, menos paso-a-paso, más en paralelo, con más acceso casual, entre otras cosas. Los educadores podrían preguntar: “¿Pero cómo enseñamos lógica con este estilo?” Mientras no esté automáticamente claro, realmente necesitamos averiguarlo.

Segundo, nuestro contenido. A mí me parece que después de la “singularidad” digital, hay ahora dos tipos de contenidos: contenidos “heredados” (para tomar prestado el término computacional para los sistemas antiguos) y los contenidos “futuros”.

Los contenidos “heredados” incluyen la lectura, la escritura, la aritmética, el pensamiento lógico, entender los escritos y las ideas de pasado, etc. –todo nuestro currículo “tradicional”. Todavía es importante, pero es de una era diferente. Algo de ellos (como, por ejemplo, el pensamiento lógico) seguirá siendo importante, pero otros (por ejemplo, la geometría de Euclides) lo será menos, como pasó con el latín y el griego.

Los contenidos “futuros” son, en gran medida, digitales y tecnológicos. Pero de la misma forma que incluyen software, hardware, robótica, nanotecnología, geonomía, etc. también incluyen la ética, política, sociología, idiomas y todas las otras cosas que van con ellos. Estos contenidos “futuros” son extremadamente interesantes para los alumnos de hoy. Pero, ¿cuántos Inmigrantes Digitales están preparados para enseñarlos? Alguien una vez me sugirió que a los muchachos solo se les deberían permitir usar computadores en los colegios que ellos mismos hayan construido. Es una idea brillante que es realizable desde el punto de vista de las capacidades de los alumnos. Pero, ¿quién podría enseñar en ellas?

Como educadores debemos pensar en cómo enseñar tanto los contenidos heredados como los futuristas en el lenguaje de los Nativos Digitales. Los primeros involucran una gran traducción y un cambio en la metodología; los segundos incluyen todos los nuevos contenidos y pensamientos mejorados. No tengo claro cuál es más difícil --“aprender cosas nuevas” o “aprender nuevas formas de hacer cosas viejas”. Sospecho que la última.

Por lo tanto, tenemos que inventar, pero no borradores. El adaptar materiales al lenguaje de los Nativos Digitales ya se ha hecho exitosamente. Mi preferencia para enseñarles a los Nativos Digitales es inventar juegos de computador para que hagan el trabajo, incluso para los contenidos más serios. Después de todo, es un idioma con el cual la mayoría está familiarizada.

No hace mucho, un grupo de profesores se presentó en mi compañía con un nuevo software diseñado con ayuda del computador que habían desarrollado para ingenieros mecánicos. Su creación era mucho mejor que lo que la gente estaba usando en ese momento, por lo que supusieron que todo el mundo de la ingeniería lo adoptaría rápidamente. Pero en cambio encontraron bastante resistencia debido, en gran parte, a la extremadamente empinada curva de aprendizaje del producto –el sofware contenía cientos de botones nuevos, opciones y acercamientos que debían dominar.

Sus vendedores, sin embargo, tuvieron una idea brillante. Observando que los nuevos usuarios del software CAD eran casi exclusivamente ingenieros varones entre 20 y 30 años, dijeron: “¡Por qué no poner el aprendizaje en un juego de video!” Por lo tanto inventamos y creamos un juego de computador para ellos en el estilo de “tirado principal” como los juegos Doom y Quake, llamado “La Conspiración Mono Desencajado”. Su jugador se convierte en un agente secreto intergaláctico que debe salvar una estación espacial del ataque del malévolo Dr. Mono Desencajado. La única manera de ganarle es usando el programa CAD, el cual el alumno debe usar para construir herramientas, arreglar armas y para ganarle a las trampas caza-bobos. Hay una hora de tiempo para jugar, más 30 “tareas”, que pueden tomar entre 15 minutos a varias horas cada una, dependiendo del nivel de experiencia del jugador.

Mono Desencajado ha sido altamente exitoso en hacer que los jóvenes se interesen en aprender el programa. Es ampliamente usado por los alumnos de ingeniería en el mundo, con más de un millón de copias del juego en varios idiomas. Pero mientras que el juego fue fácil de inventar para mi staff de Nativos Digitales, el crear el contenido pasó a ser bastante más difícil para los profesores, los que estaban acostumbrados a enseñar cursos que comenzaban con “Lección 1 – la interfase”. Les pedimos, en cambio, que crearan una serie de tareas graduadas en las que las habilidades que se debían aprender estaban insertas. Los profesores habían preparado películas de 5 a 10 minutos para ilustrar los conceptos principales; les pedimos que los cortaran a menos de 30 segundos. Los profesores insistían que los alumnos debían hacer las tareas en orden; nosotros les pedimos que les permitieran acceso libre. Ellos querían un paso académicamente lento, nosotros queríamos velocidad y rapidez (contratamos a un escritor de guiones de Hollywood para hacer esto). Ellos querían instrucciones escritas; nosotros queríamos películas de computador. Ellos querían el leguaje pedagógico típico de “aprender objetivos”, “dominar”, etc. (por ejemplo, “en este ejercicio ustedes aprenderán a...”); nuestro objetivo era eliminar completamente cualquier lenguaje que diera la menor seña de educación.

Al final los profesores y sus equipos lo lograron brillantemente, pero debido al gran cambio mental requerido les tomó el doble de tiempo de lo que creíamos. Una vez que vieron que la tendencia funcionaba, la nueva metodología “Nativos Digitales” se convirtió en su modelo para más y más enseñanzas –tanto dentro como fuera de los juegos- y la velocidad de sus logros aumentó dramáticamente.


Es necesario llevar a cabo un re-pensamiento similar de todas las materias en todos los niveles. Aunque la mayoría de los intentos de “edutainment” hasta hoy han, esencialmente, fallado tanto por el lado educativo como por el de perspectiva de entretención, podemos –y lo haremos, puedo predecirlo-- hacerlo mucho mejor.
En matemáticas, por ejemplo, la discusión ya no debe seguir siendo sobre si usamos calculadoras o computadores --éstas son parte del mundo de lo Nativos Digitales-- sino cómo usarlas para diferenciar las cosas que son útiles de tener internalizadas de las destrezas-guía y los conceptos de las tablas de multiplicar. Deberíamos estar enfocándonos en las “matemáticas del futuro” –aproximación, estadísticas, pensamiento binario.

En geografía --que es completamente ignorada actualmente-- no hay razón para que una generación que puede memorizar más de 100 personajes de Pokémon con todas sus características, historia y evolución, no pueda aprender los nombres, poblaciones, capitales y la relación entre todas 101 naciones del mundo. Sólo depende en cómo se las presenten.
Necesitamos inventar metodologías para Nativos Digitales para todos los ramos, en todos los niveles, usando a nuestros alumnos como guías. El proceso ya ha comenzado --conozco a profesores de colleges que están inventando juegos para enseñar materias que van desde las matemáticas a la ingeniería, pasando por la Inquisición española. Tenemos que encontrar formas de publicitar y expandir sus éxitos.

Una objeción que escucho frecuentemente de los educadores que son Inmigrantes Digitales es: “este acercamiento es fabuloso para los hechos, pero no va a funcionar en ‘mi ramo’”. Tonterías. Esto es solo racionalización y falta de imaginación. En mis charlas ahora incluyo “experimentos de pensamiento” en los cuales invito a los académicos y a los profesores que sugieran una materia o tema, e intento --en el momento-- inventar un juego u otro método de aprendizaje del mismo para los Nativos Digitales. ¿Filosofía clásica? Crear un juego en que los filósofos debaten y los alumnos tienen que decidir qué diría cada uno. ¿El Holocausto? Crear una simulación de los alumnos interpretando la reunión en Wannsee, o uno en el que puedan experimentar los verdaderos horrores de los campos, como opuestos a las películas como Lista de Schindler. Es tonto (y de flojos) por parte de los profesores --por no decir ineficientes-- presumir que (a pesar de sus tradiciones) la forma de Inmigrantes Digitales es la única manera de enseñar, y que el idioma de los Nativos Digitales no es capaz de ‘encompassing’ todas y cada una de las ideas como las de ellos.






Por lo tanto, si los educadores que son Inmigrantes Digitales realmente quieren enseñarle a los Nativos Digitales --por ejemplo, a todos sus alumnos-- tendrán que cambiar. Ya es hora que dejen de quejarse y, como dice el lema de Nike de la generación de los Nativos Digitales, “¡Solo hazlo!”. Ellos tendrán éxito a futuro --y sus éxitos vendrán mucho más rápido si sus administradores los apoyan.