Un faro cultural

febrero 14, 2007

CALENTAMIENTO GLOBAL: El nuevo pecado de la humanidad


Después de décadas en que el tema parecía ser bandera excluyente de ecologistas radicalizados y científicos locos, el fenómeno del cambio climático acapara hoy la agenda internacional. ¿Cuál es la verdadera gravedad del problema?

Por Juana Libedinsky

"La pistola humeante se encuentra sobre la mesa". Así, resumidas en esa frase categórica, el científico Jerry Mahlman calificó las conclusiones del informe de la Comisión Internacional para el Cambio Climático (CICC) que se difundieron en París, despertando gran expectativa en todo el mundo. Y aunque Mahlman, encargado de revisar las mil 600 páginas del estudio, estima que buena parte del proceso de calentamiento global es todavía reversible, también cree que cuanto más esperemos, más serio se volverá el problema.Después de décadas en que el tema parecía ser un granito de arena agigantado por la retórica de militantes radicales, científicos locos o filmes del cine de catástrofes, por interés genuino o por cálculo electoral o económico, el fenómeno del calentamiento global está ahora entre los temas más acuciantes de la agenda internacional. Bush se comprometió a limitar los combustibles; diez grandes empresas norteamericanas (entre ellas, General Electric, DuPont, Caterpillar y BP America) pidieron al gobierno de EE.UU. una reducción del 10 al 30 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono en los próximos 15 años; y en el encuentro de Davos, Suiza, los máximos líderes políticos y empresariales del mundo coincidieron en definir el problema climático como el tema más importante para el planeta, pero también como aquel para el que estamos menos preparados.
Ya antes del informe de la CICC, la entrega del reporte que el gobierno británico había encargado a Nicholas Stern, ex economista jefe del Banco Mundial, elevó los niveles de alarma sobre el tema. En parte, porque sus conclusiones eran bastante catastróficas –si no se adoptan medidas, dijo, la temperatura subirá unos cinco grados centígrados en los próximos 100 años y los efectos negativos del proceso podrían costarles a las economías del mundo más que la Primera o la Segunda Guerra Mundial– y, en parte, porque la voz de alarma provenía del corazón del sistema capitalista.Lo cierto es que si hay dos palabras que resumen el espíritu de la época en este comienzo de 2007, éstas son "cambio climático". Pero son palabras que llegan cargadas de polémica, tanto porque todavía hay científicos que descreen –del fenómeno o de sus consecuencias– como por los efectos políticos y económicos que ya empiezan a hacerse sentir."Hemos llegado a un punto de inflexión en cuanto a lo que el público percibe de un tema que toca al corazón de la civilización tal como la conocemos hoy, dependiente de los combustibles fósiles y de la tierra reconvertida para la agricultura", explicó Cynthia Rosenzweig, especialista en clima de la NASA.MANEJANDO CON LOS OJOS VENDADOSSin embargo, eso no parece responder de manera categórica a las preguntas más acuciantes: ¿en qué punto de peligro está el planeta exactamente?, ¿qué barreras ya hemos pasado que no tienen vuelta atrás y cuáles estamos a tiempo de corregir con las medidas correctas? Y, sobre todo, ¿cuáles son esas medidas?Según Chris Flavin, presidente de World-Watch, organización líder en temas climatológicos, no hay respuestas fáciles a estas preguntas. "Lo más escalofriante es que no podemos saber exactamente dónde estamos parados, porque todo es muy complejo. Lo que es seguro es que hemos pasado ciertos puntos de inflexión, y aunque reduzcamos las emisiones, no está claro cuánto podamos volver atrás. Hay que imaginar que estamos en un auto, manejando con los ojos vendados hacia un precipicio. No sabemos a ciencia cierta qué hemos dejado atrás, lo único que está claro es que cuanto antes apretemos el freno, antes evitaremos la catástrofe".Vijay Vaitheeswaran, autor de Power to the people: How the coming energy revolution will transform an industry, change our lives, and maybe even save the planet y editor de energía y medio ambiente para la revista The Economist , señala al menos una tendencia irreversible: "El nivel de las aguas va a subir aun si limitamos las emisiones de dióxido de carbono, y afectará a todas las ciudades costeras".Pero si alguien puede poner en claro hasta qué punto el debate divide a los científicos, ése es Richard Lindzen. Profesor de física atmosférica y meteorología del MIT, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y el más renombrado crítico de las teorías sobre calentamiento global de origen antropogénico, Lindzen considera que la Tierra es un planeta muy dinámico, y su dinamismo tiene poco que ver con el hombre. Más aún, señala que tendencias climatológicamente relevantes sólo pueden ser determinadas tras el análisis de largos períodos, típicamente de 100 años o más. Lindzen duda, incluso, de que haya habido un cambio irreversible. "Hay más dióxido de carbono en la atmósfera. Esto no va a cambiar el clima, pero sí tendrá algunos efectos. Por ejemplo, plantas que necesitarán menos agua, con lo cual se afectará positivamente la producción de alimentos", dice.Sospechas contra la teoríaSi todavía hay tanta discusión, ¿por qué el Presidente Bush, después de haberse resistido durante años a que EE.UU. firmara el protocolo de Kyoto, decidió anunciar medidas contra el calentamiento global en su reciente mensaje al Congreso?Lindzen vuelve a las respuestas tajantes: "Bush no es un científico, y lo que dijo es el resultado de presiones en un momento de histeria. Hablar del comportamiento extraño del clima es parte del folclor de los diarios. El tema es cómo se explica este cambio. En el siglo XVI se quemaban brujas. Ahora estamos haciendo lo mismo en este nuevo acercamiento medieval a la naturaleza, desesperados como estamos por echarle la culpa a algo o a alguien de lo que no entendemos. Durante las últimas dos décadas se ha probado una y otra vez que las predicciones alarmistas eran erradas, pero la gente las cree cada vez más. Lo más triste es que es un proceso que va a atrasar a la sociedad y que va a costar millones de dólares en pérdidas de puestos de trabajos y en el aumento de la burocracia para controlar emisiones", dijo.Sin embargo, aunque la posición de Lindzen es cada vez más minoritaria, su reflexión sobre el nuevo sistema a que obligaría el cambio de combustibles, por ejemplo, apunta a las relaciones -nunca suficientemente claras- entre ecología, política y negocios.Porque, naturalmente, toda regulación y límite implica costos y burocracia. ¿Por qué algunas de las más importantes empresas de EE.UU. están tan apuradas ahora por introducir controles externos sobre sí mismas? Más allá de que puedan tener genuina conciencia verde, Chris Flavin señala dos puntos fundamentales. Por un lado, dado que ciertos estados como California están adelantados en cuanto a legislación, les es complicado tener que lidiar con ellos separadamente y prefieren que se introduzca una política nacional unificada. Por otra parte, sienten que si la legislación que busca limitar el calentamiento global se aprueba durante la presidencia de Bush, no va a ser tan dura como si ocurriera con un próximo primer mandatario, posiblemente demócrata. Y no falta tanto para las elecciones.Lindzen tiene una visión más cínica aún. Pese al impacto que causó el documental de Al Gore Una verdad inconveniente, planteado como un urgente llamado a entender la gravedad del peligro, el científico del MIT se permite incluso dudar de las intenciones reales del político demócrata."Para las empresas es simplemente una manera de hacer dinero. Algunas son compañías financieras que se van a beneficiar con la compra y venta de los permisos, y van a ganar millones de la nada. Por algo Al Gore está asociado a una buena cantidad de bancos de inversión, sentado en sus directorios. Además, las grandes compañías pueden apoyar las restricciones a la emisión, porque saben que les pueden transferir el costo a sus consumidores, cosa que sus pequeños competidores no pueden hacer", subrayó. Para Lindzen, por ejemplo, el informe Stern ya fue desafiado seriamente aun por científicos que apoyan visiones bastante alarmistas. "Stern simplemente le dio a Blair el documento que justificaba lo que Blair quería decir".¿Qué hacer ante posiciones tan antagónicas? Según Vaitheeswaran, siempre va a existir incertidumbre, porque el sistema climático es el más complicado que conocemos. Pero hay tres puntos que en los últimos años han ganado consenso aun entre los críticos de los escenarios catastróficos relacionados con el calentamiento global: 1) la Tierra está calentándose; 2) el uso de combustibles de origen fósil contribuye al problema, y 3) si no hacemos nada, puede ser que haya consecuencias devastadoras.Para Vaitheeswaran, ese "puede ser" no debería dejarnos inmóviles. "No podemos darnos el lujo de esperar a que la ciencia avance y nos dé una certeza total, porque podría ser demasiado tarde, y la vida está compuesta por decisiones que debemos tomar en situaciones de incertidumbre. Actuar ahora es como sacar un seguro contra incendios. Y, por las dudas, además debemos tener siempre extintores cerca".Cómo borrar las "huellas de carbono"Hay coincidencia generalizada en que es necesario poner un límite total a las emisiones de dióxido de carbono de la industria y, debajo de este límite, permitir a las distintas compañías comprar y vender sus permisos de emisión. Además, hay que acelerar el uso eficiente del combustible y desarrollar fuentes de energía alternativas, como eólica y solar."Los problemas pueden ser resueltos", dijo Richard B. Alley, profesor del Departamento de Geociencias de la Pennsylvania State University que participó en el encuentro en París. Un informe del gobierno alemán estimó que se podría solucionar el efecto invernadero a un costo de aproximadamente el 1 por ciento de la economía mundial. "Probablemente gastamos mucho más que eso ahora solucionando otros problemas. Aun así, es caro, así que requiere de la acción conjunta de gobiernos e individuos".Kevin Trenberth, investigador senior del National Center for Atmospheric Research, también estuvo en París, y señaló que el abordaje del problema debe tener tres aristas: la mitigación para frenar el problema; el reconocimiento de que el cambio climático está aquí y prepararse para sus consecuencias y, finalmente, la construcción de una base de observación, para poder registrar el cambio climático en tiempo real y poder planear mejor.En cuanto a las conductas individuales: un uso más cuidadoso de la energía en el hogar y la reducción al mínimo del uso de autos con combustible tradicional. Hay sitios web como www.carbonfootprint.com que ayudan a las personas a calcular cuánto mal hicieron con su consumo y cómo ir borrando sus "huellas de carbono", como se llama a estos nuevos pecados.

© La Nación de Argentina/GDA

En internet: vea una infografía sobre el tema en www.elsabado.emol.com

febrero 02, 2007

Cinco prioridades frente al cambio climático
JEREMY RIFKIN 01/02/2007
El País, Madrid

El esperado informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU se presenta mañana en París. Los hallazgos son desalentadores. El informe dice que es probable que la temperatura global aumente tres grados en este siglo, un nivel térmico que no se ha visto en la Tierra desde la era del Plioceno, hace tres millones de años. Los científicos advierten que un cambio climático provocado por el hombre de esta magnitud amenaza el futuro del planeta y de la civilización. La pregunta que todo el mundo tiene en mente es qué se puede hacer.
Existen cinco pilares que debemos colocar para afrontar el desafío del calentamiento global y apuntalar los cimientos de la era posterior a la energía del carbono: maximizar el ahorro de energía en el consumo de combustibles fósiles; reducir las emisiones de gases que provocan el calentamiento global; optimizar la introducción comercial de energías renovables; introducir una tecnología de pilas de combustible de hidrógeno para almacenar energía renovable, y crear redes inteligentes para distribuir la energía por los continentes. Juntos, estos cinco pilares son el marco para una tercera revolución industrial.
A corto plazo, el medio más rápido para abordar el calentamiento global es reducir el consumo de combustibles fósiles al menos en un 20%, introduciendo nuevas tecnologías para ahorrar energía y mejores prácticas en hogares y empresas.
En segundo lugar, los gobiernos deben imponer límites al carbono y establecer un mecanismo aplicable que obligue a reducir de aquí al 2020 en un 30% (con respecto a los niveles de 1990) las emisiones de CO2 y otros gases que contribuyen al calentamiento global. Y esto es un mínimo.
En tercer lugar, todos los países poseen un gran potencial de energías renovables en forma de energía solar, eólica, hidrológica, geotérmica, biomasa o energía de las olas. Los gobiernos deberían establecer un parámetro aplicable para la producción a partir de fuentes energéticas renovables de un 33% de la electricidad de cada país y de un 25% de su energía total en 2020.
En cuarto lugar, todos los países deberían asumir un compromiso a largo plazo para realizar la transición a una era del hidrógeno, que es el elemento más ligero y abundante del universo, y que, cuando se utiliza como fuente de energía, sólo tiene como subproductos el agua pura y el calor. El hidrógeno es la última fase que nos llevará a una era posterior al carbono.
¿Por qué el hidrógeno? Porque es el mejor medio para almacenar energía renovable, tanto para la red eléctrica como para el transporte. Es importante subrayar que una sociedad de la energía renovable es imposible a menos que la energía pueda almacenarse en forma de hidrógeno. Ello se debe a que la energía renovable es intermitente. El sol no brilla siempre, el viento no sopla constantemente, el agua no siempre fluye cuando hay sequía, el rendimiento agrícola varía. Las pilas de combustible alimentadas con hidrógeno ofrecen un medio para almacenar energía renovable y garantizar un suministro fiable para la red eléctrica y el transporte.
En quinto lugar, debemos reconfigurar las redes eléctricas de cada país. Podrían utilizarse los mismos principios de diseño y las mismas tecnologías inteligentes que hicieron posible Internet: una red amplia y descentralizada de comunicación global para reacondicionar la red eléctrica de una nación, lo cual permitiría a las empresas, los propietarios de viviendas y otros consumir energía de manera más eficiente, crear más facilmente su propia energía renovable y revender su excedente eléctrico a la red.
Algunos analistas del sector energético proponen añadir a la red una nueva generación de centrales eléctricas de "carbón limpio". El sector afirma que tal vez sería posible capturar el dióxido de carbono de las centrales de carbón y almacenarlo bajo tierra o en las profundidades del océano. Pero muchos científicos sostienen que no es seguro que la tecnología de captura y almacenamiento de carbono sea comercialmente viable en las próximas décadas.
Otros abogan por un mayor uso de la energía nuclear, pero ello aumentaría enormemente la cantidad de residuos radioactivos peligrosos, plantearía graves amenazas para la seguridad en una era de terrorismo e incrementaría en gran medida el coste que contribuyentes y consumidores han de pagar por su energía. Aun así, no podrían incorporarse a la red centenares de nuevas centrales nucleares hasta 2025 o 2030, tarde para abordar el aumento de emisiones de dióxido de carbono.
La creación de un régimen de energía renovable, una tecnología de pilas de combustible de hidrógeno y redes eléctricas inteligentes abre la puerta a una tercera revolución industrial y debería tener un efecto económico multiplicador tan fuerte en el siglo XXI como la introducción de las tecnologías del carbón y el vapor en el siglo XIX, y el petróleo y el motor de combustión interna en el siglo XX.
Con las primeras pilas de combustible portátiles, que se prevé estarán en el mercado en 2007, los consumidores podrán cargar sus teléfonos móviles, ordenadores portátiles, cámaras digitales, reproductores de Mp3 y PDA entre ocho y trenta y cinco horas con un solo cartucho. Los principales fabricantes de automóviles han invertido miles de millones de euros en el desarrollo de coches, autobuses y camiones que funcionen con hidrógeno. Se están probando autobuses y camiones alimentados por hidrógeno en carreteras de toda Europa, y se espera que los primeros vehículos producidos en masa lleguen a los salones de exposición entre 2012 y 2014. California, la sexta economía más importante del mundo, trabaja activamente por un futuro dominado por el hidrógeno, al igual que otras regiones de todo el planeta.
Los combustibles fósiles y la energía nuclear son energías de élite que representan el viejo planteamiento verticalista y centralizado para la gestión de recursos que fue tan representativo de los siglos XIX y XX. Como sólo se encuentran en algunos lugares, el carbón, el petróleo, el gas natural y el uranio han requerido enormes inversiones militares para garantizar su seguridad y unos desembolsos de capital elevados para procesarlos y comercializarlos. El resultado ha sido un desequilibrio cada vez mayor entre quienes poseen y producen energía y los que carecen de energía en un sentido literal y figurado.
Sin embargo, hay energía renovable por toda la Tierra. Es fácil acceder al caudal solar, a la energía eólica, hidrológica y geotérmica, a los residuos agrícolas y forestales... y a la basura municipal en todo el mundo. Si se reúne y almacena en forma de hidrógeno y se disemina a través de redes eléctricas inteligentes, la energía renovable tiene potencial para ser compartida de igual a igual y de manera repartida como ahora compartimos información y comunicación en Internet. Una economía verde y sostenible basada en el hidrógeno significa "poder para el pueblo" en el siglo XXI.
Jeremy Rifkin es autor de La economía del hidrógeno (Paidós).